Marcos Peña, el poder real

La peor semana del Gobierno hasta acá (nadie da dos centavos por que no haya peores) focalizó las miradas en el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y en el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Pero la tempestad, que tiene mucho de económica y otro tanto de política, fue surfeada por ambos ministros. Los dos lograron conservar el puesto luego de un fin de semana donde las idas y vueltas sobre la conformación del nuevo gabinete dejaron en ridículo al Presidente.

Contra todos los pronósticos y todas las recomendaciones de la mesa chica, Mauricio Macri decidió que Peña siga siendo su mano derecha en el Ejecutivo. Si bien debió ceder a sus laderos Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, el jefe de Gabinete continúa como el punto referencial del primer mandatario; tanto que hasta adentro de Cambiemos bromean ácidamente: “No es que Macri ratificó a Peña, Peña ratificó a Macri”, dijo ante La Tecla un dirigente bonaerense del ala opuesta al peñismo.

Mientras el Presidente le pide a la población más esfuerzo y convoca a las demás fuerzas políticas a que lo ayuden, la interna carcome a Cambiemos y boicotea la búsqueda de confianza, que el Gobierno necesita como agua en el desierto. Casi nadie alcanza a comprender el capricho del titular del Ejecutivo nacional de sostener al ministro más cuestionado de los últimos meses. Con la reestructuración ministerial, ya casi no cabe el argumento de que Peña armó una estructura a su medida y, por eso, debe permanecer en el cargo.

María Eugenia Vidal está enojada y preocupada porque la caída de la imagen de Macri y la del Gobierno la arrastran. Horacio Rodríguez Larreta, también pide a gritos una rectificación del rumbo político, al intuir un mal final para la alianza gobernante. Emilio Monzó teje acuerdos con otros sectores, que quedan trabados porque para Peña, pactar con cuadros que llama “de la vieja política” es un pecado capital. Los tres advierten dificultades extremas para la reelección del Presidente, mientras afuera toma cada vez más relevancia la teoría de un 2019 sin Macri, pero también sin Cristina Fernández.

Desde la Provincia, la Ciudad y el Congreso vieron con preocupación los dimes y diretes de un fin de semana cargado de reuniones, donde la conclusión fue una reducción de ministerios pero sin cambios de nombres. El refresh esperado se fue en ambages sin concreciones. “Si hasta los radicales le dicen que no a Macri, cómo pretendemos enderezar esto”, reflexionó un diputado del PRO que reporta a la provincia de Buenos Aires.

“Como De la Rúa tenía el grupo ‘Sushi’, Macri tiene el grupo ‘yo si’: ‘yo sigo, yo sigo’”, agregó otro legislador bonaerense. Desde las febriles reuniones de Olivos salían versiones de cambios significativos. Hasta llegó a confirmarse desde alguna fuente encumbrada la llegada de Alfonso Prat Gay a Cancillería, mientras algunos empezaban a descartar la promocionada vuelta de Carlos Melconian al Ejecutivo. Sin embargo, esos dos enemigos de Peña no entraron en la grilla anunciada el lunes.

Aún en los momentos de mayor debilidad, y a pesar de haber perdido parte del control férreo de los ministerios, el jefe de Gabinete conservó mucho más que su lugar. Se achicó donde él quería y se cerró la posibilidad del regreso de algunos que se fueron enemistados con él.

“Por no echar a Peña, el país se quedó sin Ministerio de Trabajo, de Salud y de Ciencia”, escribió en su cuenta de Twitter la socióloga Alcira Argumedo. Es el sentimiento de muchos en la política, incluso de muchos de Cambiemos.

“Acá había que buscar un consenso político en serio, que Macri llamara a Larreta, Vidal y Monzó y les dijera que le traigan un gabinete completo. Ellos son los que tienen la capacidad de ir a hablar con los gobernadores peronistas para que se sumen a la salida de la crisis; aunque para eso, quizá también se necesitaba la certeza de que Macri se corriera en 2019 y quedara el juego abierto”, reflexionó un dirigente con vínculos en la Cámara de Diputados de la Nación.

Hacia delante

La volatilidad, o la turbulencia, como gustan llamar a la crisis financiera y social desde Balcarce 50, tiene su fuerte impacto en el día a día de la política, y el horizonte electoral no está ajeno a sentir los golpes. Si bien queda mucho camino por desandar hasta las elecciones de 2019, la campaña ya empezó y nadie quiere dejar nada librado al azar. Por ello, las estrategias de la política buscan ser el salvavidas que resguarde a Cambiemos, o a parte de Cambiemos, ante el peligro inminente de hundirse en un mercado hostil.

Desde el ala política del PRO alejada de Peña empiezan a considerar que el fin de la alianza gobernante es directamente proporcional al desarrollo de la crisis. “Cambiemos se va a disolver dentro de lo nuevo, le va a pasar lo que le pasó al Frepaso, porque estos cambios son maquillaje. En tres meses volvemos a tener el mismo problema político”, desgranó un armador provincial del espacio.

En ese sentido, la provincia de Buenos Aires, donde se libra la madre de todas las batallas electorales, comenzó a ser la protagonista de reuniones para buscar la alternativa. Vale recordar que hasta las propias encuestas que se manejaban en la Casa Rosada en pleno auge de la causa de los cuadernos K marcaban un escenario más que complejo para Mauricio Macri, y hasta lo consideraban perdedor en una eventual segunda vuelta con Cristina Fernández de Kirchner. La situación empeoró con el andar descontrolado del dólar.

El deterioro del Presidente comenzó a impactar en María Eugenia Vidal, quien hasta julio manejaba la mejor imagen del país y con el paso de los días llegó a sufrir el descenso, para alcanzar un promedio mayor de rechazo entre la percepción positiva y la negativa.

En Cambiemos, la línea política sabe que no puede permitirse que la Gobernadora siga en descenso, y apuestan a que se mantenga como la gran electora del espacio. Pero los errores de Nación la siguen complicando. Es por ello que la estrategia, para algunos, debe tener un giro drástico.

Siempre con la pata política rebelde de Cambiemos, liderada por Emilio Monzó y su alfil, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, al frente de las estrategias que buscan una salida política para la crisis, se comenzó a pergeñar el futuro.

Puertas adentro aseguran que desde el final del primer trimestre comenzó a caer la credibilidad de la gestión nacional. En ese sentido destacan que el marketing y las estrategias comunicacionales no tuvieron el impacto que lograron en los primeros años. Así como triunfó “la pesada herencia” y el “sinceramiento”, fracasaron rotundamente “la tormenta”, “la turbulencia” y “la crisis en Brasil y Turquía”. Aunque parezca increíble, a lo mismo apeló Macri en el último discurso.

La pata política busca una salida política. Además de los dardos directos a Marcos Peña, el objetivo del sector es asegurar que el corto plazo mantenga a la dirigencia opositora con las aspiraciones electorales en calma y con la mente fijada en escapar a la crisis. “Hay que salir de esto, llegar a las elecciones, y ahí vemos. Pero hay que asegurar que se termine la gestión con un gran acuerdo político”, explicó un intendente alcanzado por la rosca anticrisis. Nada de eso se concretó el pasado fin de semana.

Los intendentes buscan cuidar los distritos para mantener una base de poder. Algunos, en tanto, sueñan con una papeleta presidencial con el tándem Vidal – Rodríguez Larreta, aunque la candidatura a Gobernador es la gran incógnita. Otros, más arriesgados, elucubran colocar a un peronista en ese lugar. No parece posible que un Presidente no peronista resista una transición con un peronista sentado en el sillón de Dardo Rocha; pero en momentos de confusión “pueden pasar cosas”, como dice el Presidente.

Más allá de los deseos y especulaciones, en Cambiemos, la política tradicional sigue perdiendo ante lo new age. Y Peña continúa sentado en su silla, acumulando broncas adentro y afuera. Porque a nadie escapa que buena parte del empresariado, también le pidió a Macri un reemplazo.

Un pie en cada lado para buscar la ganancia individual

El programa que planea la pata política de Cambiemos necesita obligatoriamente de un acuerdo que se extienda a los sectores referenciados con el Partido Justicialista, pero, obviamente, no así con la línea kirchnerista. Allí es donde ingresa el denominado Peronismo Federal, reducto que en algún momento contaba con Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta, como cabecilla, pero que, con el paso del tiempo, quedó bajo la figura del senador Miguel Angel Pichetto como referente. Otra pieza clave es la figura del exdiputado nacional Sergio Massa.

Los dos sectores son los primeros que figuran en la agenda del monzoísmo a la hora de encarar un acuerdo político que garantice el transcurso de la gestión gubernamental para que Mauricio Macri finalice su mandato sin sobresaltos. Claro, allí es donde Pichetto y Massa hacen el doble juego. Por un lado, públicamente, aseveran apostar a una construcción peronista paralela al oficialismo para ser una alternativa de gobierno.

Incluso ya hablan de las PASO como si la unidad en un espacio (no necesariamente con un solo candidato) ya sea una realidad. Sin embargo, a la hora de sentarse a negociar con el Gobierno, lo hacen, y ponen especial atención a las propuestas que buscan tentar con la famosa “tercera posición”. Es decir, ni Macri, ni Cristina; una alternativa que nazca desde el actual poder y los contenga. Así esperan desde sus reductos al mejor postor para elegir qué camiseta usar.

Macri no quiere aceptar el fracaso de Peña y lo retiene en el equipo

Marcos Peña se convirtió, gradualmente, en el personaje más odiado del Gobierno nacional. Primero se quebró internamente. Desde la provincia de Buenos Aires y desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo marcaron. “Peña vive haciendo un juego maquiavélico que no le gusta a María Eugenia (Vidal) ni a Horacio (Rodríguez Larreta). Un día uno es el mejor y al otro ni lo menciona, y al otro día hace al revés. Nadie lo soporta”, explicaban desde el PRO bonaerense cuando los mandatarios comenzaron a pedirle una oxigenación en el gabinete a Mauricio Macri. Los últimos sucesos sumaron el odio popular al polítco. Así, la gente empezó a pedir su cabeza; incluso el apoyo en las redes sociales marcó la diferencia: “Yo te banco Macri”, era el mensaje, y ya no al Gobierno.

En conversación con La Tecla, el analista Pablo Romá, titular de la Consultora Circuitos, remarcó que la postura firme de Macri en la decisión de mantener a Peña en su equipo es demostrar que el problema no es político sino económico. “Cambiar una pieza tan importante sería aceptar que ha fracasado una apuesta política. Macri entiende que el problema es la economía y no la política”, señaló el especialista. Similar postura tomó Raúl Aragón, quien sostuvo que “el macrismo, como el kichnerismo, niega la realidad”.

Los gobernadores no ven a Peña

Es díficil, o raro, pensar en la historia de los jefes de Gabinete de Argentina, que no hayan tenido relación con los gobernadores de las provincias. Sin embargo, Marcos Peña rompe con los moldes para ser un jefe de ministros atípico, que pocas veces sale de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y siempre que lo hace, sólo llega hasta el Conurbano bonaerense.

En ese marco, la relación de Peña con los mandatarios provinciales es inexistente. No comparten reuniones; ni por el Presupuesto, ni a la hora de aprobar la ley de Responsabilidad Fiscal, ni al sancionar el pago a los Fondos Buitres. Todos momentos claves para la gestión de Mauricio Macri y donde los gobernadores, del Partido Justicialista, principalmente, fueron un factor vital. En ninguna de dichas negociaciones, Marcos Peña pasó al menos por la puerta de la oficina. Claro está, la falta de espalda política para quien alguna vez fue catalogado como “CEO del año” y luego cayó en desgracia, es el motor para que los mandatarios provinciales le den la espalda.

Como si fuera poco, del otro lado está Rogelio Frigerio, el ministro del Interior que hace de la politiquería un estilo de vida. Así, el nexo entre los gobernadores y Cambiemos es el alfil de Emilio Monzó, que tiene la labor de ocuparse de calmar los ánimos y sumar adhesiones. Vale recordar que Hugo Passalacqua (Misiones), virtual aliado del Gobierno, despoptricó por el Fondo Sojero y sólo le bastó una reunión con Frigerio para poner nuevamente los pies en el plato. Los gobernadores peronistas ya eligieron, y le dieron la espalda a Peña.

Que se iluminen los de arriba, piden desde la Provincia

En la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, el escenario de crisis nacional se siente desde hace bastante tiempo, no es nuevo. A mediados de abril, el malestar social con el incremento tarifario ya ponía la atención en los meses venideros.

De esa manera, desde un sector del PRO ligado al intendente de Vicente López, Jorge Macri, remarcaban en su momento que “hay que estar atentos a los meses que vienen, cómo se llega a diciembre. Acá hay muchos que ya piensan en las elecciones de 2019, y la mano viene complicada, sobre todo en el Conurbano”.

La misma fuente, que hace algunos meses advertía el escenario de complejidad en la macroeconomía por decisiones políticas y económicas del equipo de Marcos Peña y Nicolás Dujovne, sentenció a La Tecla que “el pico más duro está por verse en breve; si resiste el sistema y al Gobierno se le cae una idea, en febrero o marzo empezamos a despegar muy lento”. Y agregó: “Todavía no se ve una isla en este océano en el que estamos”.

Desde el entorno del kirchnerismo, la mirada no difiere mucho, pero la atención está siempre en lo social y su repercusión. “El peor ajuste todavía no llegó, no sabemos a dónde vamos a parar”, explicó una legisladora a este medio. El escenario en la Legislatura no escapa a la crisis y esperan una señal.

Las retenciones, una medida “malísima” que se usa otra vez

Para intentar salir de la crisis, el Gobierno implementó una serie de medidas que el propio Macri calificó como “malísimas”. Es que se pondrá impuestos a las exportaciones. Es decir, el regreso de las retenciones como política de Estado.

En ese sentido, con el objetivo de alcanzar el “déficit 0”, se aplicará una serie de medidas que tendrá a la fórmula de movilidad en las prestaciones sociales, en las que se prevé un aumento del 2%, como punta de lanza para contener a los sectores vulnerables. “El resto del gasto social crece como inflación”, sostuvieron.

En tanto se ahorrará hasta un 50% en gasto de capital (inversión para obra pública y deuda), y se impulsará un ahorro en subsidios que prevé el traspaso de la tarifa social eléctrica y transporte. En esta línea se congelará el ingreso del personal al Estado, además que se establecerá un aumento salarial por inflación, lo que significará un ahorro del 20 por ciento en bienes y servicios.

Se suspenderá por un año el incremento del mínimo no imponible a los aportes patronales, lo que significará una recaudación adicional de 40 millones de pesos. A la vez se abonará un adicional por derechos de exportación entre 2019 y 2020. En este último punto se desprende que será 4 pesos por dólar en exportaciones primarias, 3 pesos por dólar en el resto de las exportaciones, a la vez que una reducción al 18 por ciento de la alícuota al complejo sojero.

El achique en el gasto público con la unión de ministerios

El Gobierno nacional pretende reducir el gasto público en un cuatro por ciento el próximo año, principalmente impulsado con las modificaciones en el gabinete. Vale remarcar que el equipo de veinte ministerios se redujo a menos de la mitad con la unificación de carteras como Seguridad y Justicia, entre otras.

La reforma del Estado “lleva tiempo”

El economista Fausto Spotorno aseguró que la reforma del Estado que impulsa Cambiemos con la reducción de ministerios “lleva tiempo, pero tenés que empezarla”. En ese marco agregó que “en Argentina, siempre, todas las crisis financieras fue-ron de origen fiscal. El Estado no te puede pagar más y chau, crisis financiera. El Estado se queda sin plata y empieza a emitir deuda. Vas a encontrar lugar donde falta gente y lugar donde so-bra, eso es una reforma del Estado”.

El Gobierno cometió un grave error

El analista político Sergio Berensztein se refirió a la situación actual y consideró que “el Gobierno cometió un grave error; a la corta o a la larga, esto iba a surgir. Fueron pateando la bola por delante y no tomaron medidas para que sea de otra manera”.

En ese sentido explicó que “el Presidente va a intentar generar un juego de equilibrio, va a haber un gabinete con menos ministros y con mayor poder real para cada ministro”. Berensztein consideró además que “el problema fue el organismo de control que había sobre los ministerios; eso fracasó en la jefatura de Gabinete, no Peña”.

Fuente: La tecla

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