El Presidente, más preocupado por bajar el consumo que por la interna política

Lo que parece preocuparle más al Presidente es que a pesar de que el precio de todos los servicios públicos aumentó considerablemente, el consumo de gas no se redujo, y el de electricidad aumentó 2%. Ayer repasaba un informe que le preparó el vicejefe de Gabinete, Gustavo Lopetegui , con datos del Ministerio de Energía. Allí había una comparación entre los valores de gas de la Argentina, Chile Uruguay , países con un comportamiento climático similar. Y el resultado es muy negativo. En el período junio-agosto el consumo promedio mensual en Montevideo es de 62 m3, en Santiago de 69 m3 y en Buenos Aires de 109 m3. Según ese trabajo oficial, incluyendo las subas que aún no se aplicaron, la tarifa residencial de gas en Buenos Aires es 134% inferior a Montevideo y está 192% debajo de la de Santiago. La conclusión que sacan de estos datos en el Gobierno son dos: por un lado, que en la Argentina el aumento de las tarifas no disciplinó el consumo; por el otro, que si a pesar de la escalada la gente gasta más gas y luz es porque la demanda todavía es elástica.

En los días que duraron las fricciones por las tarifas, Macri hizo mención varias veces al impacto que todavía tienen los subsidios energéticos sobre la deuda. A pesar de los duros ajustes practicados desde 2016, todavía hay un 30% de los costos que se cubre con endeudamiento. «Tomamos deuda para pagar ese sobreconsumo. No es fácil conseguir un cambio cultural para que la gente pague algo que durante doce años fue gratis», reflexionó el Presidente ante su círculo cercano.

Dice que le «duele» tener que ser el responsable de medidas restrictivas, pero minimiza el malhumor social que provocan las alzas. «Me preocupa y me ocupa, pero tenemos que hacerlo», responde convencido, y vuelve a blindarse detrás de los números que tiene en su escritorio, según los cuales los servicios públicos (gas, electricidad, agua y transportes públicos) representan el 7,9% del gasto mensual de un hogar promedio. En pocas cosas se le nota más su impronta de ingeniero que cuando se aferra a los indicadores duros para rebatir las percepciones sociales.

Cuando Macri recibió ayer a Alfredo Cornejo , estaba flanqueado por Marcos Peña , Lopetegui, Mario Quintana y una sorpresa para el jefe radical: Juan José Aranguren. También estaban Federico Pinedo Emilio Monzó y Fernando Sánchez. Todos ya sabían que había consenso en torno de la idea de aplanar las facturaciones. Incluso Carrió, que habló por teléfono con varios de ellos, dio su bendición y se marchó a Estados Unidos . Esta vez no hubo debate político como el lunes de la semana pasada. La presencia del ministro de Energía marcó el tono técnico de la reunión. Se habló del componente impositivo de las tarifas, y se puso como ejemplo de distorsión el caso de Luján, que tiene tres tasas municipales en la factura de luz. Macri se enardece con esos casos. También se conversó sobre los mayores controles que reclamó Carrió sobre las empresas y su esquema de facturación.

El Presidente descree de que allí puedan encontrar desfases significativos, pero en su entorno señalan que recién ahora podrán hacer un diagnóstico nítido porque los titulares de los entes reguladores de gas y de electricidad elegidos por concurso asumieron en diciembre y en enero. Sí hubo algunos señalamientos a cierta merma en el cronograma de inversiones de las eléctricas.

«Reaccionaron al principio, después hubo un freno, y ahora están empezando a actuar con mayor profesionalismo», dijo uno de los participantes. ¿Y el «ruidazo» de anteanoche? «Se mencionó al pasar, pero había una parte politizada, fue algo menor», minimizó el legislador consultado.

 

Fuente: la nacion

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